—Señor —repuse—, como vayan por delante los veinte mil reales que Vuecencia me ha prometido, lo demás es cuestión secundaria. Sin embargo, mis aficiones...
—Ya sé que tú te inclinas a la Real Hacienda. Vas a lo positivo. ¿Te convendría la Caja de Amortización, los Pósitos, la Revisión de juros?...
—Iré, si Vuecencia no lo toma a mal, a Paja y Utensilios.
—Corriente... Mañana mismo tendrás tu nombramiento... Dime, ¿has llevado la carta a las monjas bernardas?
—Esta mañana.
—¿Me has limpiado las botas?
—Están como espejos.
—Bueno: antes de marcharte pídele a doña Nicanora los calzones y la casaca que te prometí ayer. Con un poco de obra quedarán ambas prendas como nuevas... Ahora necesitas cierta ostentación, Juan: es preciso que te presentes como corresponde a un señor oficial segundo de Paja y Utensilios, y lo primero que has de hacer es dar gracias al señor ministro...
—¿Las gracias?
—Seguramente. Ganabas cinco mil reales en las covachuelas de la secretaría de Gracia y Justicia, y de golpe y porrazo pasas con veinte mil a Paja y Utensilios...