—Déjeme acabar... Y mi papá se puso furioso y á poco me pega. Total, que enterado Guillén de las cosas que mi papá dijo, salió á espetaperros de nuestra oficina, y no ha vuelto á parecer. Yo digo que ello puede pasar como broma de un rato. Pero ya sabe usted que le respeto, que me parece una tontería juntar las iniciales de sus cuatro Memorias que nada significan, para sacar una palabra ridícula y sin sentido.

—Poco á poco, amiguito (mirándole á los ojos). Á que la palabra Miau sea una sandez, no tengo nada que objetar; pero no estoy conforme con que las cuatro iniciales no encierren una significación profunda...

—¡Ah!... ¿sí? (suspenso).

—Porque es preciso ser muy negado ó no tener pizca de buena fe para no reconocer y confesar que la M, la I, la A y la U, significan lo siguiente: Mis... Ideas... Abarcan... Universo.

—¡Ah!... ya... bien decía yo... Don Ramón, usted debe cuidarse.

—Si bien no faltará quien sostenga... y yo no me atrevería á contradecirlo de plano... quien sostenga, quizás con algún fundamento, que las cuatro misteriosas letras rezan esto: Ministro... I... Administrador... Universal.

—Pues mire usted, esa interpretación me parece una cosa muy sabia y con muchísimo intríngulis.

—Lo que yo te digo: hay que examinar imparcialmente todas las versiones, pues éste dice una cosa, aquél sostiene otra, y no es fácil decidir... Yo te aconsejo que lo mires despacio, que lo estudies, pues para eso te da el Gobierno un sueldo, sin ir á la oficina más que un ratito por la tarde, y eso no todos los días... Y que tus hermanitos lo estudien también con el biberón de la nómina en los labios. Adiós; memorias á papá. Dile que crucificado yo, por imbécil, en el madero afrentoso de la tontería, á él le toca darme la lanzada, y á Montes la esponja con hiel y vinagre, en la hora y punto en que yo pronuncie mis Cuatro Palabras, diciendo: Muerte... Infamante... Al... Ungido... Esto de ungido quiere decir... para que te enteres... lleno de basura, ó embadurnado todo de materias fétidas y asquerosas, que son el símbolo de la zanguanguería, ó llámese principios.

—Don Ramón... ¿va usted á su casa? ¿quiere que le acompañe? Tomaré un coche.

—No, hijo de mi alma; vete á tu paseíto. Yo me voy pian pianino. Antes tengo que comprar unas píldoras... aquí en la botica.