—Porque de ellos es la nómina de los cielos... Bien dicho, señor don Ramón—observó Argüelles, mirando con ojeriza á Guillén, á quien detestaba.—Á mí también se me ocurrió un plan; pero no quise darlo á luz. Más cuenta me tenía componer el solo de trompa.
—Eso, toque usted la trompa, y déjese de arreglar la Hacienda, que al paso que va, pronto, ni los rabos. Mire usted, amigo Argüelles (parándose ante la mesa del caballero de Felipe IV, la capa terciada, la mano derecha muy expresiva). Yo he consagrado á esto mi experiencia de tantos años. Podré acertar ó no; pero que aquí hay algo, que aquí hay una idea, no puede dudarse. (Todos le oían con gran atención.) Mi trabajo consta de cuatro Memorias ó tratados, que llevan su título para más fácil inteligencia. Primer punto: Moralidad.
—Muy bien. Rompe plaza la moralidad, que es lo primero.
—Es el fundamento del orden administrativo. Moralidad arriba, moralidad abajo, á izquierda y a derecha. Segundo punto: Income tax.
—Que es la madre del cordero.
—Fuera Territorial, Subsidio y Consumos. Lo substituyo con el impuesto sobre la renta, con su recarguito municipal, todo muy sencillo, muy práctico, muy claro; y expongo mis ideas sobre el método de cobranza, apremios, investigación, multas, etc... Tercer punto: Aduanas. Porque, fíjense ustedes, las Aduanas no son sólo un arbitrio, son un método de protección al trabajo nacional. Establezco un arancel bien remontadito, para que prosperen las fábricas y nos vistamos todos con telas españolas.
—Superior de Holanda... Don Ramón, Bravo Murillo era un niño de teta... Siga usted...
—Cuarto punto: Unificación de la Deuda. Recojo todo el papel que anda por ahí con diferentes nombres: Tres consolidado, Diferido, Bonos, Banco y Tesoro, Billetes hipotecarios, y lo canjeo por un 4 por 100, emitido al tipo que convenga... Se acabaron los quebraderos de cabeza...
—Sabe usted más, D. Ramón, que el muy marrano que inventó la Hacienda.
(Coro de plácemes. El único que callaba era Argüelles, que no gustaba de reírle mucho las gracias á Guillén.)