—Es propio de las grandes almas caritativas esconderse, negar su propia personalidad, para de este modo huir del agradecimiento y de la publicidad de sus virtudes... Vamos a cuentas, Sr. D. Romualdo, y hágame el favor de no hacer misterio de sus grandes virtudes. ¿Es cierto que por la fama de estas le proponen para obispo?
—¡A mí!... No ha llegado a mí noticia.
—¿Es usted de Guadalajara o su provincia?
—Sí, señora.
—¿Tiene usted una sobrina llamada Doña Patros?
—No, señora.
—¿Dice usted la misa en San Sebastián?
—No, señora: la digo en San Andrés.
—¿Y tampoco es cierto que hace días le regalaron a usted un conejo de campo?...
—Podría ser... ja, ja... pero no recuerdo...