—Cuidado con él, que es malo y traicionero...—indicó la otra.
—Jai... ¿verdad que eres malo y pegar tú mí?
—Yo ero beno; tú mala, b'rracha.
—No lo digas, que se escandalizará la señora anciana.
—Anciana no ser ella.
—¿Tú qué sabes, si no la ves?
—Decente ella.
—Sí que lo será, sin agraviar. Pero a ti te gustan las viejas.
—Ea, yo me voy, señora, que lo pasen bien—dijo Benina, azoradísima, levantándose.
—Quédese, quédese... ¡Si es groma!».