La Diega la instó también a quedarse, añadiendo que habían comprado un décimo de la Lotería, y ofreciéndole participación.

«Yo no juego—replicó Benina—: no tengo cuartos.

—Yo sí—dijo el marroquí—: dar vos una pieseta.

—Y la señora, ¿por qué no juega?

—Mañana sale. Seremos ricas, ricachonas en efetivo—dijo la Diega—. Yo, si me la saco, San Antonio me oiga, volveré a establecerme en la calle de la Sierpe. Allí te conocí, Almudena. ¿Te acuerdas?

—No mi cuerda, no...

—Vos conocisteis en Mediodía Chica, por la casa de atrás.

—A este le llamaban Muley Abbas.

—Y a ti Cuarto e kilo, por lo chica que eres.

—Poner motes es cosa fea. ¿Verdad, Almudenita? Las personas decentes se llaman por el santo bautismo, con sus nombres de cristiano. Y esta señora, ¿qué gracia tiene?