—¿Viner tú Cambroneras?

—Sí, te lo prometo.

—Mí no golver pirroquia... Carga mí gente suberbiosa: Casiana, Eliseo... asco mí genta. Mí pedir Puenta Tolaido...

—Espérame mañana... y prométeme tener juicio.

Yorando, yorando mí.

—¿Pero a qué vienen esos lloriqueos?... Almudenilla, si yo te quiero... Amos, no me des disgustos.

Ora ti, casa tuya, ver galán bunito, jacer tú cariños él.

—¿Yo? ¡Estás fresco! ¡Sí, sí, para él estaba! ¿Pero tú qué te has creído? ¡Valiente caso hago yo de esa estantigua! Tiene más años que la Cuesta de la Vega: es pariente de mi señora, y por encargo de esta se le recogió para llevarle a casa.

—¡Mam'rracho él!

—¡Y tan mamarracho! Ni hay comparanza entre él y tú... En fin, chico: tengo mucha prisa. Adiós. Hasta mañana».