—No puede ser por ahora. Ten paciencia, hijo».
Poseído nuevamente de furor, al sentir que se levantaba, se arrojó sobre ella, clavándole la zarpa en los brazos, y manifestando con rugidos, más que con voces, su ardiente anhelo de tenerla en su compañía. «Mí queriendo ti... Matar mí, ajogar mismo yo en río, si tú no venier mí...
—Déjame por Dios, Almudena—dijo con acento de aflicción la dama, creyendo vencerle mejor con súplicas afectuosas—. Yo te quiero; pero me llaman mis obligaciones.
—Matar yo galán bunito—gritó el ciego apretando los puños, y dando algunos pasos hacia la anciana, que medrosa se había apartado de él.
—Ten juicio; si no, no te quiero... Vámonos. Si me prometes ser bueno y no pegarme, iremos juntos.
—Piegar ti no, no... quiriendo ti más que a la bendita luz.
—Pues si no me pegas, vamos—dijo Benina, aproximándose cariñosa, y cogiéndole por el brazo».
Apaciguado el buen Mordejai, emprendieron otra vez la marcha hacia arriba, y por el camino dijo el ciego a la dama que se había despedido de Santa Casilda, por romper con la Petra; y como los tiempos venían malos y no se ganaban perras, pensaba trasladarse aquella misma tarde a las Cambroneras, cabe el Puente de Toledo, pues en aquel barrio había estancias para dormir por solos diez céntimos cada noche. No aprobó Benina el cambio de domicilio, porque allí, según había oído, vivían en grande estrechez e incomodidad los pobres, amontonados y revueltos en cuartuchos indecentes; pero él insistió, dolorido y melancólico, asegurando que quería estar mal, hacer penitencia, pasarse los días yorando, yorando, hasta conseguir que Adonai ablandase el corazón de la mujer amada. Suspiraron ambos, y silenciosos subieron toda la calle de Toledo.
Como Benina le ofreciese un duro para la mudanza, Almudena expresó un desinterés sublime: «No querier mí diniero... Diniero cosa puerca... asco diniero... Mí quierer amri... muquier mía migo.
—Bueno, bueno: ten paciencia—le dijo Benina, temerosa de que se descompusiera al final de la jornada—. Yo te prometo que mañana hablaremos de eso.