—Diga el alcalde lo que quiera, yo sigo con mis compañeros.
—¿Por tránsitos?
—Por lo que sea, y si ellos entran en la cárcel, yo también. Y si van a la Audiencia, yo con ellos. Y si hay patíbulo, que nos ahorquen a los tres.
—Beatriz, tú estás loca. Te dejaremos en Móstoles con tu hermana.
—He dicho que voy a donde don Nazario vaya, y que por nada del mundo le abandono en su desgracia. Si yo pudiera, ¿sabes tú lo que haría? Pues tomar para mí todas las penalidades que le esperan, las injurias que han de decirle, y los malos tratos y castigos que ha de recibir... ¡Pero qué distraída estoy, Cirilo! No te había preguntado por Demetria, tu mujer.
—Está buena.
—¡Mucho quiero yo a Demetria! Y dime, ¿cuántos niños tienes ya?
—Uno..., y otro que pronto ha de venir...
—Dios te los conserve... Serás feliz, ¿verdad?
—No hay queja.