—Sí, y a lo tonto, os dejaré secos de un tiro. Beatriz, no digas disparates. ¿Sabes tú lo que es la Ordenanza? ¿Conoces el Reglamento de la Benemérita? ¡Y a buena parte vienes con esas bromas! Yo no falto a mi deber por nada de este mundo, y antes que deshonrar mi uniforme, consentiría en perderlo todo, la mujer y los hijos. Pone uno su honra en esto, y no es uno, Beatriz, es el Cuerpo... ¡Qué más quisiera uno que tener lástima! Pues no busques en toda la Fuerza un solo número que la tenga, digo lástima, para cosas del servicio, porque no lo hallarás. El Cuerpo no sabe lo que es compasión, y cuando el alma, que es la Ley, le manda prender, prende, y si le manila fusilar, fusila.

Dijo esto con tan gallarda convicción y sinceridad el buen preferente, y tan claro revelaban sus ojos, su ademán, su acento, el culto fervoroso de la orden de caballería que profesaba, que la moza inclinó su cabeza suspirando, y le dijo:

—Tienes razón, no sé lo que digo. Cirilo, no me hagas caso. Cada uno a su religión.

Los curiosos abandonaron el rincón donde estaba Ándara, y se corrieron al lado de Beatriz y el preferente. Junto a la otra no quedó más que Ujo, que en pie alzaba poco más que la cintura de su amiga sentada.

—A lo que diba —le dijo cuando se vio solo con ella—. Mal te portéis conmigo, caraifa... Yo pensé que eras más fina, caraifa... Pero manque de fina no ties un pelo, y me has escupitado mismamente en la cara, yo diz que te estimo... Manque me escupites otra vez, te lo diz.

—¿Que yo te escupí? —replicó Ándara jovial, repuesta ya del espasmo de furia—. Sería sin pensarlo, chiquitín del pueblo, mi coquito, mi nanito gracioso. Es que yo soy así: cuando quiero decir que estimo, escupo.

—¿Quies más? Pues cuando le pegaites la cuchillada a Lucas, el del mesón..., te volvites guapa. Yo miraite, y no te conocéi, caraifa. Porque tú seis fea, Ándara, y por fea y horrorosa te estimo yo, caraifa, y me peleo con la Verba divina por defendeite, recaraifa.

—¡Viva mi renacuajo, mi caracol cabezudito! ¿Has dicho que el tío ese a quien le tiré con el cuchillo es el mesonero?

—El tío Lucas.

—Me dijiste el otro día que vivías en el mesón.