—Nada más que con arrepentirse y no volver a pecar.
—No puede ser tan fácil, no puede ser. Y penitencia..., tendré que hacer mucha.
—Nada más que soportar la desgracia, y si la justicia humana te condena, resignarte, y sufrir tu castigo.
—Pero me mandarán a presidio, y en presidio aprende uno cosas peores que las que sabe. Que me dejen libre, y seré bueno.
—En la libertad, lo mismo que en la condena, podrás ser lo que quieras. Ya ves: en la libertad has sido malísimo. ¿Por qué temes serlo en la prisión? Padeciendo se regenera el hombre. Aprende a padecer, y todo te será fácil.
—¿Me enseñará usted?
—Yo no sé qué harán de mí. Si estuvieras conmigo te enseñaría.
—Yo quiero estar con usted, señor.
—Es muy fácil. Piensa en lo que te digo, y estarás conmigo.
—¿Nada más que con pensarlo?