—¿Pero de veras entran en Sevilla? Estas me dijeron que no querían acercarse allá.
—¿Por qué?
—Porque hay viruela.
—¡Que me place!... Digo, no me place. Es que celebro encontrar el mal humano, para luchar con él y vencerlo.
—No es epidemia. Cuatro casos saltaron estos días. Donde hay una mortandad horrorosa es en Villamantilla, dos leguas más allá.
—¿Epidemia horrorosa... y de viruela?
—Tremenda, sí señor. Como que no hay quien asista a los enfermos, y los sanos huyen despavoridos.
—Ándara, Beatriz... —dijo Nazarín levantándose—. En marcha. No nos detengamos ni un momento.
—¿A Villamantilla?
—El Señor nos llama. Hacemos falta allí. ¿Qué? ¿Tenéis miedo? La que tenga miedo, o repugnancia, que se quede.