Pasa, Infante. (Entran en la sala.)

Infante.

Mira, deja el asunto para mañana. Ya debes suponer que te han de negar todo. Ten calma, soporta el hecho, y búscale solución de la manera más práctica.

Federico.

¡Qué tonto eres! (A Claudia.) Mañana os ponéis en la calle con toda vuestra indigna parentela, y mi hermana irá á las Arrepentidas... ¡Qué bajeza de espíritu y de sentimientos!... No quiero verla... Que no se ponga delante de mí. No podría contenerme...

Infante, sentándose.

Eso me parece muy bien: no hables con nadie esta noche. Aplaza la cuestión para otro día.

Federico, á Claudia, con vivo enojo.

Esta casa es una sentina, y vosotras alimañas inmundas.

Infante.