Aquí todos somos eses. ¡Bueno, bueno, bueno!

Leonor, que sale presurosa, muy maja, con bata negra de seda, adornada de lazos rosa-té, la cara recién empolvada, el pelo recogido con horquillas de concha.

Niño, buenos días. Hay que echarte memoriales para verte. (Poniéndole la mano en la cabeza.) ¿Cómo estás? ¿A ver esa carátula? Palidez tenemos, y ojeritas... ¡Ay, ay! Habrás dormido mal... ¡Pobrecito de mi alma!

Federico, estrechándole la mano.

Yo, así, así. ¿Y tú, como estás? (Se sientan juntos. Leonor le pasa la mano por el pelo.)

Leonor.

¿Recibiste mi papel?

Federico.

Sí, esta madrugada, al llegar á casa. Te agradezco mucho la buena voluntad.

Leonor.