El agradecimiento está de más. Pues oye: supe ayer por Torquemada lo que te pasa, y la que te tenían armada para hoy ese pillo y su compinche Bailón. Me entraron ganas de echar un capote por ti, como tú lo has echado por mí, cuando me he visto en la cuna de la fiera.
Federico.
Conozco tu buen corazón y tus desplantes de generosidad. Puesto que entre los dos hay confianza, hablemos. Nunca siento ante ti el embarazo que estas materias me producen ante otras personas con quienes tengo amistad.
Leonor.
Es que yo soy tu amiga de... de la entraña, y los demás lo son de aquí. (Tocándose la punta de la lengua.) Estoy contenta; esta mañana te eché las cartas, y en ellas vi que saldrías bien del soponcio.
Federico.
¡Qué célebre! (Riendo.) ¿Y qué te dijeron los naipes?
Leonor.
Primero salió disgusto grande..., ya sabes, el siete de espadas, en un corto camino, cuerpo y pensamiento de un hombre moreno. La cosa era bien clara...
Federico, burlándose.