¡Viva la confianza! Ahora á la calle, Leonor. Voy á echarme una falda... Al momento estoy lista. (Vase saltando.)
Federico, solo.
¡Qué criatura, qué arranques! Lo mismo absorbe una fortuna que la regala. Ha arruinado á tres ricachos, y á mí me comió lo que heredé de mi madre. ¡Pero qué simpático desorden!
Leonor, que entra en traje de calle, con mantilla y manguito.
Ya estoy. No te muevas de aquí. Yo te lo arreglaré todo. Torquemada está á dos pasos, calle de Tudescos... Me parece que llevo bastante... género. (Mostrando varios estuches envueltos en un pañuelo.) Llevo los tres solitarios, el collar de perlas, los pendientes, la mariposa de brillantes... Con esto creo poder llegar á las trece mil pesetas. Si no es bastante, Valentín me dará lo que falte, prometiendo llevarle alguna alhaja más.
Federico.
Haz lo que quieras. Te pintas sola para estas cosas. Aquí te aguardo.
Leonor.
Si viene el Marqués, no me le entretengas, á ver si se larga. Dices que no me has visto, que cuando llegaste ya había salido yo. Si le hablas del crimen ese, te advierto que es Cuadradista rabioso, y que quiere ahorcar á todo el género humano, menos á la madrastra. Dale por ahí mucho jabón. Si cuando yo venga está él aquí, salúdame como si no me hubieras visto hoy. Ya buscaré un pretexto para escaparnos, dejándole en el chiquero.