Filosófica estás... (Llegan al portal.) Bueno; no nos entretengamos charlando.

Leonor.

¡Eh, niño!, no vayas á distraerte y á darme un esquinazo. Porque tú las gastas así.

Federico.

Descuida. Seré puntual. (Se separan en la calle.)

ESCENA VIII

Dos habitaciones comunicadas, pequeñas, puestas con dudosa elegancia. En la de la derecha, sofá, butacas, un secreter, velador con tapete, un entredós con lámpara de bronce, cortinas de seda, chimenea encendida, sobre la cual hay un gran espejo. En la de la izquierda, tocador con colgadura, una silla larga, banquetas de pelouche, armario de luna, lavabo. En el fondo de este gabinete, la puerta que comunica con una alcoba. Es de día.

Augusta, Felipa.

Augusta, en la sala de la derecha, en pie, mirando su reloj.

Las cuatro y veinticinco. Me retrasé con aquella visita... ¡Qué ansiedad! Yo creí encontrarle aquí. Hoy estaba más obligado que nunca á la puntualidad...