¿Pues sabes lo que se me ocurre en este momento? Que yo, preparando con tiempo una combinación, podría agenciarte, en el golfo que jugamos en casa por las noches, alguna cantidad gorda.
Federico, apartándose de ella.
¡Qué ignominia! Me causa horror tu proposición.
Leonor, con calma bonachona.
Pero qué, ¿tu tranquilidad no vale una trampa?...
Federico, aterrado.
Ni en broma me lo digas... ¡Si esto lo oyera alguien! ¡Si esto se supiera...!
Leonor.
¡Pero como nadie lo ha de saber!... El honor y el deshonor dependen de que las cosas se sepan ó no se sepan. De forma y manera que si lo que debe quedar secreto quedara siempre, esas palabrillas, honor y deshonor, habría que suprimirlas de la conversación.
Federico.