Por Dios, Leonor, que se te quite eso de la cabeza.

Leonor.

¿Escrupulitos tenemos? ¡Qué tonto te me has vuelto, chico! Déjame á mí, que entiendo el tinglado del mundo mejor que tú. ¿Para qué quiere tanto dinero ese viejo chinche, más malo que la sarna? Nosotras somos las repartidoras de la riqueza y niveladoras de las fortunas mal distribuidas. No, no te rías. Cisneritos me tiene que pagar la última que me hizo, cuando me prometió el tapiz y luego se llamó Andana. Se la guardo, sí, porque es la única persona que me ha engañado en este mundo. Déjale venir, tonto, y como yo le dé unos cuantos pases, el tapiz es mío, y luego lo empeñamos si nos hace falta dinero, ó lo vendemos si te conviniere...

Federico, con hondo disgusto.

Leonorilla, no me mezcles á mí en esas historias...

Leonor.

¡Ay, qué guasa! El diablo harto de carne...

Federico.

No es que me meta á fraile, sino que... Cállate, cállate.

Leonor.