Ya saldrán. ¡Cuando digo que todo va como una seda!... Nada, no hay quien me rinda. Yo soy un hombre que, al levantarse por la mañana, hace el firme propósito de encontrarlo todo muy bien, perfectamente bien.

Villalonga.

También yo lo haría si tuviera esa bicoca de renta que usted tiene. Pondría en el oratorio de mi casa la imagen de Pangloss, y le rezaría al acostarme y al levantarme. Querido Conde, usted y Cisneros son los seres más felices que conozco. Prescinden de la realidad, y ven el mundo conforme á su deseo. ¡Ay!, los que tienen que ganarse la condenada rosca, los que corren afanados tras una posición ó un honor equivalente á tantas ó cuantas raciones para la familia, no pueden menos de mirarle la cara á la realidad, y ver si la trae fea ó bonita para ajustar á ella sus acciones.

Entran en el salón el Exministro, el señor de Pez (de levita), el señor de Trujillo (de frac), anciano y valetudinario, apoyado en el brazo de su hijo, el cual viste uniforme de Artillería.

ESCENA II

Los mismos. Aparece Augusta en la sala de la derecha, dando el brazo á Malibrán.

Malibrán.

Aunque usted me riña, aunque me mande apalear y me arroje de su casa, persistiré... Soy la terquedad personificada, y me crezco al castigo. Y bien podrá suceder que la desesperación me lleve al suicidio, á la locura... ¡Qué responsabilidad para usted!

Augusta, riendo.

¡Para mí! ¡Ay, qué gracioso! ¿Yo qué culpa tengo de que usted se haya vuelto tonto?... ¿Pero de veras se va usted á matar?