Malibrán.

No bromee usted con una pasión verdadera.

Augusta.

Pero diga usted: ¿es volcánica ó no es volcánica? Vamos, nunca creí que á persona de tan buen gusto se le ocurriera que por lo trágica me había de impresionar. Me fastidian las tragedias.

Malibrán.

¿Cuáles? ¿Las representadas?

Augusta.

Y las reales. Eso de matarse, sea por amor, sea por otra causa, me parece sumamente cursi... Además, me le figuro á usted refractario á la extravagancia, aun á esa, por ser todo corrección, formas exquisitas y arte de la vida. ¡Pasiones usted, pasiones hondas! No lo creeré aunque me lo diga ante notario... ¡Ah!, qué hipócritas nos hizo Dios, amigo Malibrán... Con esa mónita ha hecho usted su carrera, y ha engañado á mucha gente; pero lo que es á mí...

Malibrán.

¡Ay, Dios mío! Casi me agrada que usted me injurie. A falta de otro sentimiento, venga esa bendita enemistad. La prefiero á la indiferencia.