Augusta, desde la alcoba.
¿Qué? ¿Deseas que corra el tiempo? ¿Tienes prisa de que me vaya?
Federico.
Al contrario; cuento los minutos, y si pudiera, pondría por delante los que ya están á la espalda.
Augusta.
Esta noche podré estar hasta las ocho menos cuarto; pero ya sabes que no has de entretenerme cuando llegue la hora de marcharme. Llegando á casa á las ocho, ocho y quince, no hay temor. Resultará que he pasado la tarde en casa de la tía Serafina. Para saber lo que debo decir, he mandado á Felipa á que se entere de lo que ha ocurrido esta tarde allá.
Federico.
¿Y si tu marido ha ido á ver á la enferma?
Augusta.
Casi nunca va.