Decididamente, le hemos de proteger.
Malibrán.
¿Le encuentra usted chiste á la historia?
Augusta.
La encuentro hasta poética. Por lo que veo, el verdadero amor, el principio activo que gobierna el mundo, no existe ya más que en la clase de dependientes de comercio. No podemos abandonar á ese joven. ¿Verdad, Tomás? (Orozco sonríe sin decir nada.)
Infante.
Contóme también cómo nacieron y se formalizaron sus amores. Durante un mes no hacían más que mirarse, mirarse, hechos un par de bobos. Por fin, movido de un instinto irresistible, escribía con letras gordas en un pliego abierto, al modo de cartel, frases de ternura, y desde su balcón se las mostraba á la niña, que al principio huía ruborizada, soltaba la risa después, y últimamente ponía una cara muy triste cuando él no estaba.
Augusta.
¿Y cómo, no estando en el balcón, sabía él que la chiquilla ponía la cara triste?
Infante.