¿Y cómo es?
Orozco.
Según me han dicho, atrevidillo, y no peca de corto.
Infante.
Simpático; pero muy simpático, y parece despejadísimo. En cuatro palabras me ha contado su historia. Es huérfano, tiene veintitrés años, y desde los diez y seis se bandea solo. Es sobrino de un tal Santana, tendero en la calle de Lope de Vega, y de otro en la Plaza Mayor, que le llaman Jáuregui, y de otro cuyo nombre y señas no recuerdo. En fin, que cuenta media docena de tíos, detallistas de comestibles. Sabe al dedillo la partida doble, y escribe cartas comerciales en francés; tiene título de perito mercantil, y se ganó un premio de Economía política.
Augusta, con animación.
¡Ángel de Dios!... Señores, es preciso que le protejamos entre todos.
Infante.
El tío Santana le ocupaba en llevar la contabilidad y la correspondencia; y en medio de esta prosaica tarea nacieron los castos amores con la hermana de Federico. Pero ¡vean ustedes qué desgracia! Casi en los mismos días en que los tórtolos se lanzaban de cabeza en lo ideal, el tío Santana, por la paralización de los negocios y la necesidad de economías, despidió al chico, que á la sazón vive al amparo de su tío Jáuregui, sin sueldo. ¡Ah!, otro detalle. Nunca ha servido en el mostrador, que repugna á sus hábitos y á su educación; pero está decidido á todo, hasta á fregar copas en una taberna, con tal de ganarse el pan para mantener á la elegida de su corazón.
Augusta.