Cállese usted, mal pensado. ¿Qué hay en estos amores que no sea la misma inocencia? ¡Bah, que entraba de noche en la casa! ¿Y qué?
Villalonga.
Nada, nada, que entraba á tomarle las medidas del cuerpo para encargar el traje de boda.
Augusta, conteniendo la risa.
Cállese usted también, groserote: no dice más que disparates.
Infante.
Y por fin, después de referirme su historia, me suplicó que le consiguiera un destinito de oficial quinto, para poder casarse.
Orozco.
¿Y qué hace usted que no lo pide al momento?
Augusta.