Pues acabe usted de una vez, y dé las órdenes para que caiga un rayo y nos parta á los dos.

Augusta.

Todo se andará. (A Monte Cármenes.) ¿Qué tal? ¿Vamos bien?

Monte Cármenes.

Perfectamente bien, y sobre tantas dichas, la de verla á usted tan guapa. ¿Y Tomás?

Augusta.

En el billar, fumando. Me dijo que le espera á usted para echar unas carambolas. Señores fumadores, señores carambolistas, mi marido y Pepe Calderón están solos allá. Ea, señor Catón pasado por agua, usted que es una de nuestras primeras chimeneas, al billar.

Trujillo.

Yo también; tengo que hablar con Tomás.

Augusta, á Monte Cármenes.