Usted, Conde, el primer taco de Madrid, allá también. Distráiganme á Tomás, que no está bien de salud. (Al Exministro.) Cuidado con el oficialete, que se jacta de darle á usted codillo cuantas veces quiera.

Exministro.

Lo veremos esta noche. Señor oficial, todo el que sea tresillista que me siga. (Dirígense á la sala de juego.)

Aguado, Monte Cármenes y Trujillo padre pasan por la sala de juego para entrar en el billar, á punto que sale Cisneros. Óyese el chasquido de las bolas de marfil.

Cisneros.

¡Malditos carambolistas, cómo le marean á uno!... ¿Y los fumadores? ¡Qué atmósfera, qué aburrimiento! Busquemos quien me haga la partida. (A Malibrán, que ha vuelto á aproximarse al grupo principal.) ¡Eh!..., diplomático de chanfaina, ¿la echamos ó no la echamos?

Malibrán.

Amigo D. Carlos, lo siento mucho; pero tengo que retirarme pronto. Trabajamos ahora por las noches en el Ministerio... un asunto urgentísimo.

Augusta.

Sí, corra; corra allá, no se vaya á alterar el equilibrio europeo... Me parece á mí que entre él y ese pillo Bismarck están tramando algo. ¡Buen par!