Orozco.

Ni buenas ni malas.

Augusta, en voz baja á Infante.

¿Pero tú le crees?

Infante.

¿Qué le hemos de creer? Para mí, Santanita se ha puesto las botas.

Villalonga.

Permítame usted, amigo Orozco, que no dé crédito á su modestia. Lo mismo nos dijo usted el otro día, cuando vino á importunarle aquel vejete arruinado de la Plaza Mayor, y después supimos que á la calladita le puso usted una tienda nueva, un comercio de gorras.

Orozco, excitado.

¿Quién ha dicho eso? ¡Es calumnia!