Augusta, con gracejo.

Eso es: fuertecillo. ¡Qué genio vas echando, hijo de mi alma!

Orozco.

Lo siento; pero no he podido darle ni esperanzas siquiera.

Augusta.

Sí, te lo conozco en la cara.

Villalonga.

Su cara revela satisfacción.

Infante.

La satisfacción de las malas acciones.