Tomás de mi alma, ¿serás capaz de dejarte coger en las malvadas redes de ese miserable? ¿Serás capaz de dejarte conmover por su refinada astucia y por su adulación infame?

Orozco.

No te acalores antes de enterarte bien...

Augusta.

Es que te veo al borde del abismo de tu bondad, de esa bondad que es una desdicha, créelo, un pecado, una sugestión satánica...

Orozco.

Ten calma, mujer.

Augusta, levantándose.

No puedo tenerla. Tu filantropía ha venido á ser una verdadera demencia. ¡Tomás, Tomás!

Orozco.