Cisneros, por Malibrán.
Aquí le tiene usted. Con esa carita de santi boniti barati, es el más desorejado galopín que anda por estas tierras.
Villalonga.
Y el corruptor de las personas graves y sesudas como yo. Este fué el que me arrastró á la juerga de anoche, de que le hablaba á usted hace un momento.
Malibrán.
No, D. Carlos, él fué mi Mefistófeles. Yo estoy en mi oficina tan tranquilo, y se aparece allí este genio del mal y me saca por los cabellos para llevarme á lugares nefandos. No hay defensa contra él, y esas canas que gasta le sirven para engañar más fácilmente á los jóvenes inexpertos como yo.
Cisneros.
Buen par de tomos están los dos, el uno con sus honradas canas y el otro con sus cuernecitos ó sortijillas sobre la frente... (Observando el pelo de Malibrán.) Y á mí no me la da usted, Cornelio; usted se tiñe el pelo y la barba.
Malibrán, bromeando.
Ya lo creo. Con la tinta del tintero. Vaya, no sea usted envidioso, Carlitos, y resígnese á su vejez caduca. Villalonga y yo somos pollos tiernos todavía, aunque usted no quiera.