Infante.
¡Desdichado de mí! He tenido que comer con una comisión de mi distrito que viene á gestionar la rebaja del cupo de consumos. Me gustaría que probaras un convite de estos para que vieras lo resalado que es.
Augusta.
Gracias, me lo figuro. ¡Y has tenido que aguantar..., pobre ángel!
Infante.
Y oírles, y agasajarles, y fingir que estoy muy indignado con el Ministro, y prometer, dándome un golpe de pecho..., así, que si el Ministro no me complace, le pondré verde con una preguntita sobre la corta de pinos en Rebollar. Y añade á esto los chismes de aldea que he tenido que oir. Al fin pude zafarme de ellos, diciendo que me había citado el Director de Obras Públicas para ponernos de acuerdo sobre el emplazamiento de la estación del ferrocarril en construcción, y con esto les dí el esquinazo, y se fueron tan ternes á ver una funcioncita en Lara.
Augusta.
¡Pobres baturros, cómo te diviertes con su inocencia! Pues mira, eso es una gran inmoralidad. (Entra Aguado bruscamente.) ¡Ay!, me ha asustado usted. En cuanto se habla de inmoralidad, se nos presenta este hombre, como caído del cielo.
Aguado.
Señora, no caigo del cielo, sino que entro en él, pues entro donde usted está.