Pero si son los de butacas los que alborotan.
Augusta.
Es que la alabarda de abajo es la peor.
Entra Monte Cármenes, que saluda á las dos señoras. Trábase conversación entre Teresa Trujillo y los caballeros.
Augusta, para sí, dirigiendo los gemelos á una parte y otra.
Miro y remiro, y no le veo arriba ni abajo. ¡Qué inquieta estoy! En el palco de los gorriones no está..., ni tampoco en el de San Bernardino..., ni en butacas. ¡Si no vendrá, después de habérmelo prometido tan formalmente! Quiero ponerle en guardia contra el espionaje de este arrastrado Malibrán, que parece nos sigue los pasos, y que si no nos ha visto aún..., digo, yo creo que no nos ha visto..., nos verá el mejor día. (Alto, tomando parte en la conversación general.) ¡Enteramente un fiasco; y cuidado si anunciaban á este tenor como estrella del arte! (Para sí.) ¿Será aquel? (Mirando.) No, no es. No creo que deje de venir. ¡Ay!, no vivo hasta no saber lo que piensa de la proposición de Tomás. ¿Cómo tomará la idea de reconciliarse con Clotilde? Hice bien en decírselo por escrito, meditando muy bien la forma y pensando bien los conceptos. La carta era un modelo de sagacidad diplomática. ¿Aceptará? Dios quiera que no se alborote... ¡Ah!, allí está... en el palco de San Bernardino. Me ha visto. (Mirando á otro lado.) Ahora no vendrá. Veremos si en el tercer entreacto... Nunca como esta noche he deseado verle y hablarle. ¿Saldrá por el registro de la dignidad? Mucho me lo temo... ¡Ay, gracias á Dios que empieza el acto! (Entra Aguado y la saluda. Se entabla animada conversación sobre puntos diferentes. Al llegar al entreacto tercero, sólo están en el palco Aguado y el marqués de Cícero, que hablan con Teresa Trujillo. Augusta pasa al antepalco.)
ESCENA VI
Augusta, en el antepalco; Federico.
Augusta.
Nunca como esta noche he deseado verte...