Augusta.

Indicaciones breves, pero bastante intencionadas y maliciosas. Cree, hijo mío, que nos ha descubierto.

Federico.

Lo dudo mucho... Tendrá sospechas.

Augusta.

¡Ay!, no; me parece que son más que sospechas.

Federico.

En ese caso... (Alarmados ambos miran con recelo al palco, y atienden á las voces que se sienten en el pasillo.)

Augusta.

Calla... No podemos hablar aquí. ¡Qué angustia, teniendo tanto que decir! Espérame allá...