Federico.

Prometido. Mañana mismo iré á casa de la señora de Calvo. Haremos paces con Clotilde; pero con él, con ese pelagatos, no transigiré nunca.

Augusta.

Todo es empezar...

Federico.

Con ella sí. Ya ves cómo te complazco cuando me pides cosas razonables.

Augusta.

Bueno... Eh, cuidadito; que vayas... (Para sí.) Lo que importa es restablecer en él los vínculos de familia, única manera de domesticarle. Lo demás vendrá por sus pasos contados. (Alto.) Quedamos en que visitarás á tu hermanita. ¿Qué sabes tú lo que harás después? El tiempo y la derivación natural de los hechos te marcarán la conducta. Y no hablemos más ahora de asuntos tan difíciles de tratar no estando solos. (Observa, levantando un poco la cortina, á los que están en el palco.) Otra cosa tengo que decirte, aprovechando este corto ratito. Malibrán nos sigue los pasos. Parece mentira que haya seres tan viles que se dediquen al espionaje por el infame placer de ver que no son buenos los que lo parecen.

Federico.

¿Te ha dicho algo?