Augusta, con ansiedad.
¿Qué dices respecto al punto principal? ¿Aceptas? ¿Qué? ¿No te parece bien?... Por Dios, no me lo digas; no me des el disgustazo de... (Federico, en pie, fijos los ojos en el suelo, deniega suavemente con la cabeza.) ¡Qué ideas tan estrambóticas! ¿Pero qué mal hay en esto? Dímelo.
Federico.
Pero ven acá: ¿cómo ha podido ocurrírsete el absurdo de que yo lo acepte... mediando...?
Augusta.
¡Qué aflicción me causas!... ¡Qué ingrato eres!
Federico.
Por Dios, no llames á esto ingratitud... (Preocupadísimo.) Yo te explicaré... ¿Has reflexionado tú en la gravedad de lo que me pides? Respecto al otro punto que tratas en tu carta, ó sea mi reconciliación con Clotilde, te contesto que accedo á hacerle una visita.
Augusta.
¿De veras? (Con alegría.) ¿Me lo prometes?