El mismo...

Federico.

¿Y tú te callaste...?

Leonor.

Buena soy yo para callarme, tratándose de tu honor, que es lo mismito que el mío...

Federico, deteniéndose ante ella.

Tu honor lo mismo que el mío..., es decir, el mío como el tuyo...

Leonor.

He dicho una sandez. No hagas caso... Ahora caigo... (suspirando) en que yo no tengo honor. Quise decir... Pero tú ya me entiendes.

Federico.