No, no. Si lo sabe alguien, será de poco tiempo acá. Verdad que estas noticias cunden con rapidez eléctrica.

Leonor, muy cariñosa.

No te enfurruñes; no hay motivo para ponerse así. Esas cosas se saben siempre, miquito. Siéntate á mi lado, y te contaré algo que debes saber. Anoche hablaron aquí largamente de la de Orozco y de ti.

Federico.

¿Quién?

Leonor.

Amigos tuyos. (Mirándose las uñas.) Ya sabes que en eso de hablar no hay amigo para amigo. Se sueltan mil borricadas, sin intención de ofender. ¿Te lo cuento? ¿Me prometes no enfadarte? Es de clavo pasado que, tratándose de señora rica y de amante pobre, lo primero que se diga es que ella le paga á él las trampas.

Federico.

No, no dirían tal atrocidad. (Paseándose agitado.) ¿Qué amigo mío es capaz de suponer...? Como no sea Malibrán...

Leonor.