Y me dirá también si saldrás con suerte del corto camino en que te has metido.
Federico, con cierto interés.
Veremos. Tan trastornado estoy, que hasta me voy volviendo supersticioso.
Leonor, poniendo los naipes sobre el sofá, en grupos, y haciendo sobre ellos, con mucha gracia, signos estrambóticos.
¡Ah!, mira: en las tres vueltas sale siempre encima la mujer de buen color. ¡Ay, Dios mío, lo que veo aquí! ¿Sabes lo que quiere decir el seis de copas? Pues significa Santo Domingo..., y en seguida el siete del mismo palo. ¡Jesús, madrecita mía de las Angustias!... Y en seguida el ocho, que declara camino cansado, como si dijéramos, una cuesta. (Con solemnidad.) La mujer por quien penas, camaraíta, vive en la cuesta de Santo Domingo, número 7, y es casada.
Federico, tirando las cartas con displicencia.
Ea, deja esas tonterías... (Levántase inquietísimo.) ¿Quién te lo ha dicho?
Leonor, con naturalidad.
¡Pero hijo mío, si lo saben hasta los perros!
Federico.