No; no digas tal. El que no quiere ver, que no vea.
Federico, exaltado.
¿Pues qué piensas tú? Si siento vivos deseos de abrírselos yo mismo...
Leonor.
¿Qué dices?... Chico, tú no tienes la cabeza buena. ¿Tú? ¿De manera que tú mismo acusarás á la que te quiere tanto?
Federico.
Tienes razón... Tú conservas el sentido claro de las cosas, y yo lo he perdido completamente. Siento y pienso y digo los mayores despropósitos... Leonorilla, estoy desquiciado por dentro. Me desplomo; verás cómo me hundo.
Leonor, humorísticamente.
Pues avisa, mico, para que no me cojas debajo...
Federico, con ternura.