Se me había olvidado que he prometido visitar hoy á mi hermana, visita que no significa reconciliación ni mucho menos. (Con enojo.) ¿Pues no pretenden también que yo dé el nombre de hermano á ese...? ¡Estúpida exigencia!
Leonor.
Vamos, perdona á tu hermanilla. Te estás atormentando... ¡Qué manías tienes tan tontas!... ¡Pobre niña! Haz las paces... y á vivir.
Federico.
¡Tú también!... Vuelvo. (Retírase muy agitado.)
Leonor, alarmada, viéndole salir y sin atreverse á seguirle.
¡Pobre mico, no me gusta su cariz!... Su cabeza está llena de nubarrones. Diera yo algo por poder despejársela.
ESCENA VIII
Sala en casa de la viuda de Calvo.
La Viuda de Calvo, señora de edad avanzadísima, pero bien conservada, vestida de negro, con espejuelos, gorro á la francesa. Sale por la derecha apoyándose en un bastón; Clotilde, que está junto al balcón de la izquierda mirando á la calle.