Viuda de Calvo, festivamente.

Hija mía, él es así; pero pierde cuidado, que se modificará.

Clotilde.

¿Cuándo?

Viuda de Calvo, riendo.

Cuando tenga mis años. Si tan largo me lo fías... Sr. de Viera, es usted un chiquillo y piensa y obra como tal.

Federico.

¡Qué quiere usted, señora! No podemos ser de otra manera que como somos. Perdóneme la perogrullada.

Viuda de Calvo.

No tema el caballero de los imposibles que yo me ponga á sermonearle. No acostumbro predicar á quien no quiere oir. Lo único que le diré, para que vaya abriendo los ojos, es que Clotildita ha demostrado buen tino en la elección de marido, porque Santana, sin ser un Gutibamba ni un Mucibarrena, es mozo de muy buen natural y de gran talento para cultivar la ciencia del vivir. Hoy por hoy no tiene sobre qué caerse muerto; pero acuérdese usted de lo que le dice esta vieja: llegará día en que el caballero de los melindres, abandonado de todo el mundo y sin tener donde guarecerse, llame á la puerta de su hermana pidiendo un asilo y un pedazo de pan. Y su cuñado, que es un alma de Dios, aunque no vista elegante, se lo dará. Y usted tan... agradecido.