Villalonga.
¡Eh! ¿Se explica la niña? ¡Qué talentazo!
Aguado, con hinchazón.
Perdóneme usted, señora. No me compare esta época con otras. Yo recuerdo..., por ejemplo, cuando fuí á Cuba la primera vez...
Augusta, con viveza
Cuando usted fué á Cuba la primera vez, vendían la carne humana, y usted, creyendo que no hacía nada malo, afanaba algunas hilachas de aquella carne... No, no le censuro; era cosa corriente.
Aguado.
Perdone usted...
Augusta.
Está usted perdonado; pero déjeme acabar... Pues en aquel tiempo se defraudaba tanto como ahora, ó quizás más, mucho más. Cierto que usted fué siempre de los puros, en eso estamos... Si lo sabemos, si es artículo de fe: no se apure. Yo reconozco que usted se enfurece ahora con muchísima razón, y que si quiere volver allá es para corregir todas aquellas infamias que antes no corrigió.