Augusta.
Tiene razón Aguado: lo mismo les da á éstos el país que la carabina de Ambrosio... No se ría usted, Conde, que contra usted voy; usted no tiene patriotismo, usted no se indigna como debiera indignarse, y esa sonrisita, esa santa pachorra es un insulto á la moral.
Monte Cármenes.
Si fuera una necesidad que yo me indiznase, me indiznaría. Pero si otros lo hacen, y lo hacen muy bien, ¿á qué cuento viene que yo me enfurruñe y haga malas digestiones? Máxime cuando veo que todo se arregla al fin, y que los más severos hoy son mañana los más condescendientes.
Aguado.
Ó en otros términos: que todos son lo mismo, y vamos tirando. Hoy por ti y mañana por mí.
Cícero, con buena fe.
No es malo que se hable tanto de nuestros vicios, porque así los corregiremos.
Augusta.
¡Ay, Marqués, no sea usted cándido! Eso de la moralidad es cuestión de moda. De tiempo en tiempo, sin que se sepa de dónde sale, viene una de estas rachas de opinión, uno de estos temas de interés contagioso en que todo el mundo tiene algo que decir. ¡Moralidad, moralidad! Se habla mucho durante una temporadita, y después seguimos tan pillos como antes. La humanidad siempre igual á sí misma. Ninguna época es mejor que otra. Cuando más, varía un poco la forma ó el estilo de la maldad; pero lo de dentro, crean ustedes que poco ó nada varía.