Federico, para sí.

Me despediré... (Saludando á la viuda de Calvo.) Señora mía...

Clotilde, cogiéndole de una mano.

No, no te dejo ir. Un momentito... En seguida sale. Está en ese gabinete con el señor de Orozco.

Federico.

¡Con Tomás!

Clotilde.

¿A qué viene ese espanto? Con Orozco, sí; con tu amigo, un señor muy bueno, que nos protege y no nos abandonará nunca.

Federico, desasosegado.

Adiós.