Viuda de Calvo.

Es cierto. Los odios están erizados de picos, y por mucho que las palabras froten sobre ellos no los suavizarán. Las palabras son blandas, los odios son duros. Las asperezas de la vida, ayudadas del tiempo, sí que liman bien. Déjale, déjale. Si no quiere hacer las paces con tu futuro, que no las haga. Por de pronto las ha hecho contigo, y esto ya es algo.

Clotilde.

¿Serás tan ingrato, tan duro, tan orgulloso, que no asistas á mi boda?

Federico.

No asistiré. No puede uno desmentirse á sí mismo en tan breve tiempo. Sostengo que no es decoroso para mí ni para él que yo asista.

Viuda de Calvo, irónicamente.

Tiene razón. En ley de caballería, no se olvidan de hecho las ofensas tan pronto como se dice. Que no se vean. Vale más que no se vean..., no vaya á resultar que se coman.

Clotilde, animosa.

Pues yo digo que se han de ver. Que quieras que no, has de darle la mano.