Federico, cohibido.
Lo bueno estaba antes de venir yo: lo bueno eres tú.
Orozco, queriendo hacerse el insignificante.
El amigo Santana y yo tratábamos de un asunto..., menudencias, nada en suma. Me gusta verte aquí. Eso me prueba que corren vientos conciliadores.
Clotilde.
Paces, D. Tomás; paces tenemos. Pero la fiera no está aún domesticada, y es preciso pasarle la mano por el lomo un poquito más.
Orozco, festivamente.
Cese la ruin discordia. Que esto sea como el tableau con que acaban las comedias. Reconciliación, tolerancia, y lo pasado, pasado. Haya aquello de ¡hermano mío!, y abrácense todos, y caiga el telón sobre un final de buenos propósitos.
Federico, con escepticismo.
Pues si en las comedias el telón volviera á levantarse, se vería que los buenos propósitos eran conversación.