Augusta.

Pues haría muy mal el señor de Aguado en meterse á cirujano de cánceres. Dirían de él los horrores que ahora dicen de los otros.

Aguado.

Pero como yo desprecio la calumnia...

Augusta.

Justo es despreciarla. En fin, yo reconozco, todos reconocemos que usted hace allí mucha falta; y si yo fuera Ministro del Cáncer..., digo, de Ultramar, ahora mismo extendía la credencial.

Aguado.

Gracias..., estimando.

Augusta.

Y usted me mandaría, por el primer correo, cigarros para mi marido, y para mí cascarilla, de esa tan buena que usan allí las señoras.