Aguado.
¡Quiá! Usted no la necesita... con ese cutis.
Augusta.
Ó dulces, piñas, guayaba.
Aguado.
Si es usted más dulce que todas las jaleas del mundo.
Augusta.
En fin, váyase usted pronto, á ver si arreglando aquello no se vuelve á mentar la dichosa inmoralidad. Ya empalaga. Me gusta más oir hablar del crimen famoso, que al menos interesa por sus lances dramáticos y sus misterios de folletín.
Aguado.
Eso á mí no me divierte. Mientras ustedes desmenuzan el crimen, voy á echar un vistazo á los tresillistas. (Pasa al salón.)