Federico, palideciendo y temblando.

Eso es... Sinceridad es lo que nos hace falta.

La Sombra.

Me vas á explicar un enigma que observo en ti. ¿Cómo es que la aceptación de un favor mío subleva tus austeros principios, y no los contraría tu trato infame con persona de tan bajo nivel moral como La Peri?

Federico, aterrado.

¡Yo! ¿Qué dices? ¿De dónde has sacado eso? ¿Por dónde lo sabes? Es absurdo y no tiene fundamento alguno.

La Sombra.

De esa pájara aceptas tú auxilios que te envilecen á ti tanto como á ella, pues ya sabes que Leonor, cuando estás ahogado y no halla modos hábiles de socorrerte, se va del seguro y hace trampas en el juego..., le sustrae á su marqués billetes escamoteándole la cartera que lleva en el bolsillo..., y por fin imagina planes industriales asociada contigo, establecimientos de infame comercio, timbas á estilo de Montecarlo...

Federico, dando diente con diente.

Eso no es verdad. Lo dice, sí; lo dice, pero ten por cierto que no lo hace. Es que da bromas, como tú, fingiendo codicia y maldad. Te propones humillarme con esas historias, y no lo conseguirás, no lo conseguirás. Que La Peri y yo nos auxiliemos recíprocamente, nada tiene que ver con mis principios. Tú, como la generalidad de las personas, no ves más que la moral de relación. La absoluta, la moral fina, no la ves: eres muy miope. (Con grandísima zozobra.) Y otra cosa, Tomás: ¿Qué idea te has formado tú de Leonor? La idea vulgar, la idea de los cortos de vista, que no ven más que el bulto de las cosas. La Peri es una señora..., para mí al menos... Y pongo mi cabeza á que no ha sido ella quien te ha contado eso. Es en este punto la discreción personificada. ¿Acaso lo has pensado, lo has discurrido tú, sin que te lo dijera nadie? (La Sombra contesta afirmativamente con la cabeza.) No, no has formado idea exacta de mis relaciones con Leonor... Sería preciso que yo te las explicase..., y lo haría si ahora mi cabeza no propendiese á embarullar las ideas. No lo veo claro yo tampoco, no lo veo muy claro; pero te diré que Leonor es mi amiga, la única persona en el mundo con quien tengo verdadera amistad, y esa confianza, Tomás, esa flor humilde y casera, que no nace sino en el terreno de la comunidad de sentimientos. Entre Leonor y yo hay un lazo moral, que será, visto desde fuera, muy feo, pero que por dentro es de lo más puro, créelo, de lo más puro que puede existir. (Inquietísimo, observando expresión de incredulidad y burla en el rostro de La Sombra.) ¿Pero no lo entiendes?